jueves, 26 de junio de 2008

Ustedes, hadas


Mientras espero en la sala de espera, el buen clima me acompaña. Veo la hora. Son las 10 y 30 y estoy segura de su compañía. Me tienta comenzar a charlar y me detengo. Estoy sola. Debo cerrar mis ojos, recordar que estoy sola, reconocerme sola, para luego abrirlos y tener la certeza de su compañía. No necesito hablarles, ni verlas sonreír u oírlas. No necesito de su presencia y eso no es algo triste. Ellas, sin saberlo, se han convertido en seres portátiles que puedo llevar a cualquier lado conmigo. Incluso contra su voluntad.

Al fin entendí lo de las vidas múltiples desde mi perspectiva de la vida. Sus vidas pueden ser múltiples, en esta finita y mortal existencia, siempre y cuando se hayan dado tanto a otras que se vuelvan necesarias y portátiles.

Esas paralelas existencias son, entonces las múltiples vidas que ellas reconocen. Ahora las entiendo. Pero no son consecutivas, sino paralelas. Propondré discutir de esto la próxima vez que las vea. Y aunque esté equivocada, su tangible presencia hoy habrá sido tan clara que tendremos que hallar alguna explicación.