Hay un asesino suelto, todos sabemos cómo opera, cuál es el perfil de sus víctimas, en que circunstancias mata, y que el próximo asesinato ocurrirá en las siguientes horas. Pero eso no es lo malo. Lo malo es que no podemos hacer nada para evitarlo.
Podríamos intentar retroceder al último lugar donde fue sembrado el odio y arrancarlo de cuajo. Pero ya no es posible. Ha caminado tanto que no hay campamento detrás, sólo le queda seguir matando. Sabemos que la próxima víctima será un inocente, dejado llevar por los gritos de un bando, o del otro. No importa qué estará haciendo, será inocente.
Después de los entierros, y las venganzas y los nuevos entierros, vendrá el arrepentimiento. Todos mirarán sangre en sus manos. Todos intentaremos esconderla y culpar al otro. El otro siempre tiene más culpa. Es mejor así. Saber que hay un asesino suelto puede ser perturbador.
La Paz
jueves, 29 de noviembre de 2007
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